P4R (PEÓN CUATRO REY), ERA LA MUERTE
Hoy siento como si en mi corazón el cocinero del destino hubiera pelado un ciento de cebollas. Es una tristeza rara, resignada, casi de final ineludible. Hace tiempo que noto las venas revueltas y un montón de neuronas haciendo equilibrios sobre el alambre. Tal vez sea que estoy cruzando el ecuador de la vida y las ilusiones, antes antorchas casi eternas, ahora se apagan a la misma velocidad que una cerilla.
Me gustaría ser un revolucionario romántico y pensar que Cuba todavía es el último bastión anti capitalista, o que China se ha vestido con la piel del enemigo para cambiar el mundo. Pero sé que no es así. El mundo se ha vuelto un paraíso, pero solamente para todos aquellos que son unos auténticos hijos de puta. Para los demás es un potro de tortura, una bayoneta sobre la que cabalgar, un corbata que aprieta con ínfulas de patíbulo. Pero hay que seguir viviendo, arrastrando el alma por los derroteros que señala la rosa de los vientos hasta que el reloj se pare definitivamente y el organismo revele su fecha de caducidad. No queda otro remedio.
Hace poco, el treinta de junio, se cumplió el tercer aniversario de la muerte del poeta Jorge Cuña, un gran amigo. Su libro Mantis estaba dedicado a dos de sus amigos muertos en extrañas circunstancias, las cuales no conozco más que por referencias. Uno era Fernando Aldecoa, el sobrino de Ignacio Aldecoa. Me contaron que se suicidó cortándose las venas y murió lentamente mientras escribía poemas con su sangre en la pared. El otro, Antonio Sendino, una persona extraordinariamente inteligente, apasionado por el ajedrez y las matemáticas, al cual tuve la ocasión de conocer en vida, y que salió un día a comprar tabaco y apareció muerto a ciento y pico kilómetros, en una carretera llena de niebla, atropellado por un camión. Cómo llegó allí, sin coche, nadie lo sabe.
Hoy es un día extraño. Tal vez un embudo triste o una lámpara de aceite a la que se le acaba el combustible, tan triste como un día sin poesía, aunque curiosamente la sienta. Un día para recordar a Jorge y pensar que su imaginario poético sigue vivo aunque en él se refiera a la muerte, principalmente a la muerte de sus dos amigos. Con uno compartió prisión en la época franquista y utilizaban el lenguaje del ajedrez para comunicarse mediante golpes a través de la pared, según me ha contado su hermano. De ahí las referencias a ese juego en sus poemas, principalmente en el libro Mantis, cuando lo invoca y le pide que vuelva:
Vuelve recuerda fuiste era la cárcel
fuiste en la pared contigua invocado
dime los golpes P4R era la vida
no sé qué gesto fue la muerte
recios ventanales repiten incesantes
nudillos en los hierros que abortan esperanza
Luego, de nuevo, invoca a los dos:
Qué horr or de campanas mustios los tormentos
qué crueldad en ti y a ti que os nombro
amigos míos en lo más ilimitado de la ausencia
puso extrañas melodías en vuestros labios
visiones amargas que abandonaran vuestros ojos
Después, al otro, e intenta jugar una partida con él a la vida, pero ya no hay vuelta atrás, la muerte nunca retrocede ficha.
Siéntate a la mesa amigo mío
el tablero de ajedrez está dispuesto
nuestros dedos mueven como hilos engañosas
marionetas de un imposible condenado
Se desplaza o el caballo o juega el peón o la torre
gesto definitivo ¡no atrás! el error era la culpa
Conocí a Jorge Cuña Casasbellas cuando era un muchacho. Con su melena y apariencia de poeta enamoraba a las mujeres sin necesidad de levantarse de la mesa de la cafetería donde situaba su cuartel general, pero apenas me relacioné con él hasta ocho meses antes de su muerte, cuando comenzó a venir por el taller, todas las tardes. Grabábamos sus poemas, charlábamos sobre poesía, estudiábamos la poética, de la que era un verdadero apasionado así como de la filosofía, hasta que a las ocho una admiradora misteriosa lo llamaba al móvil y desaparecía. Nunca me dijo quien era, porque era todo un caballero, aunque luego me enteré por ella. Un día me indicó los síntomas de la dolencia que padecía para que buscara en Internet un diagnóstico y al día siguiente estaba ingresado, terminal, en el Hospital, con un cáncer extendido a casi todo el organismo.
En el viaje que hicimos a lo largo y ancho de la poesía chilena del siglo XX y que se concretó en el estudio: "Chile, un país poético", aprendí muchísimo y ya no dejé de aprender nunca. Muchos de los caminos que he recorrido, me los indicó él, aunque yo en aquellos momentos no me diera cuenta de que estaba ejerciendo un papel de faro en medio de mi oscuridad poética.
Para quienes quieran ahondar en su poesía, con motivo del tercer aniversario de su fallecimiento, les recomiendo la web www.hipofanias.net . Allí, en el apartado poetas, pueden encontrar casi toda su obra, así como la de su padre el poeta Manuel Cuña Novás, otro destacado poeta gallego, que con su obra Fabulario Novo, en la década de los cincuenta, influyó de manera muy notable en el devenir de la poesía gallega. Es la web de la Fundación que la madre y el hermano de Jorge han montado para mantener viva la llama de su poesía y donde hay una biblioteca, la familiar, con más de doce mil libros de poética y filosofía.